Cheesecake con Mermelada: Un Postre Cremoso y Frutal
El cheesecake es uno de esos postres que conquistó el mundo con su textura sedosa y su versatilidad. Aunque su origen se remonta a la antigua Grecia, donde se servía a los atletas durante los primeros Juegos Olímpicos, hoy en día es un clásico de la repostería internacional. La versión con mermelada le aporta un toque frutal y vibrante que equilibra perfectamente el sabor cremoso del queso. En España, este postre se ha adaptado con ingredientes locales, como mermeladas de frutas de la temporada, dando lugar a una delicia que combina lo mejor de la tradición y la innovación.
Ingredientes para el Cheesecake con Mermelada
Esta receta está pensada para un molde desmontable de 20 cm de diámetro. Asegúrate de que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente para obtener una mezcla homogénea y sin grumos.
Para la base:
- 200 g de galletas tipo Digestive o María
- 100 g de mantequilla sin sal (derretida)
- 1 cucharada de azúcar blanco (opcional, si prefieres un toque más dulce)
Para el relleno:
- 600 g de queso crema (tipo Philadelphia)
- 200 g de azúcar glass
- 3 huevos medianos
- 200 ml de nata para montar (35% materia grasa)
- 1 cucharadita de esencia de vainilla
- 1 cucharada de ralladura de limón (opcional, para un toque cítrico)
- 1 pizca de sal
Para la cobertura:
- 150 g de mermelada de frutos rojos, albaricoque o la que prefieras
- 1 cucharada de agua (para diluir la mermelada si es muy espesa)
- Fruta fresca para decorar (opcional: fresas, frambuesas, arándanos)
Preparación del Cheesecake con Mermelada
Sigue estos pasos con cuidado para lograr un cheesecake cremoso, sin grietas y con ese equilibrio perfecto entre lo dulce y lo ácido de la mermelada.
1. Preparar la base de galleta
- Triturar las galletas: Coloca las galletas en una bolsa de plástico resistente y tritúralas con un rodillo hasta obtener un polvo fino. También puedes usar una procesadora de alimentos para este paso.
- Mezclar con la mantequilla: En un bol, combina las galletas trituradas con la mantequilla derretida y el azúcar (si usas). Mezcla bien hasta que la textura sea similar a la arena húmeda.
- Compactar la base: Vierte la mezcla en el molde desmontable, previamente engrasado o forrado con papel vegetal. Usa una cuchara o un vaso para presionar bien la mezcla contra el fondo, asegurándote de que quede compacta y uniforme. Refrigera la base mientras preparas el relleno.
2. Preparar el relleno de queso
- Batir el queso crema: En un bol grande, bate el queso crema con el azúcar glass hasta que la mezcla esté suave y cremosa. Puedes usar unas varillas eléctricas para facilitar el proceso.
- Incorporar los huevos: Añade los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición. Es importante no batir en exceso para evitar que el cheesecake se infle demasiado y luego se hunda.
- Agregar la nata y los aromas: Vierte la nata para montar, la esencia de vainilla, la ralladura de limón y la pizca de sal. Mezcla hasta integrar todos los ingredientes, pero sin batir a alta velocidad.
3. Hornear el cheesecake
- Precalentar el horno: Calienta el horno a 160°C (con calor arriba y abajo) y coloca una bandeja con agua en la parte inferior para crear un ambiente húmedo. Esto ayudará a que el cheesecake no se resque.
- Verter la mezcla: Saca la base del refrigerador y vierte el relleno de queso sobre ella, alisando la superficie con una espátula.
- Hornear: Hornea el cheesecake durante 50-60 minutos, o hasta que los bordes estén firmes pero el centro aún tenga un ligero movimiento (como gelatina). Apaga el horno y deja el cheesecake dentro con la puerta entreabierta durante 1 hora para que se enfríe gradualmente y evite grietas.
4. Preparar la cobertura de mermelada
- Calentar la mermelada: En un cazo pequeño, calienta la mermelada con una cucharada de agua a fuego medio-bajo hasta que se licúe ligeramente. Si prefieres un glaseado más suave, puedes colarla para eliminar trozos de fruta.
- Cubrir el cheesecake: Una vez que el cheesecake esté completamente frío (mejor si lo dejas en la nevera toda la noche), vierte la mermelada caliente sobre la superficie y extiéndela con una cuchara. Decora con fruta fresca si lo deseas.
Consejos para un Cheesecake Perfecto
Aquí tienes algunos trucos que marcan la diferencia entre un cheesecake bueno y uno espectacular:
- Ingredientes a temperatura ambiente: Esto es clave para evitar grumos en la mezcla. Saca el queso crema, los huevos y la nata al menos 1 hora antes de empezar.
- No abras el horno durante el horneado: Los cambios bruscos de temperatura pueden hacer que el cheesecake se hunda. Si necesitas revisarlo, hazlo con la luz del horno.
- Enfriado gradual: Dejar el cheesecake en el horno apagado con la puerta entreabierta evita que se agriete por el choque térmico.
- Reposar en la nevera: Para que adquiera la textura perfecta, déjalo reposar en la nevera al menos 4 horas (ideal toda la noche).
- Mermelada casera: Si quieres darle un toque artesanal, prepara tu propia mermelada con frutas de temporada. Por ejemplo, una mermelada de fresas o frambuesas casera realzará el sabor.
Variaciones y Sustituciones
El cheesecake con mermelada es muy versátil. Aquí tienes algunas ideas para personalizarlo:
Variaciones de la base:
- Base de chocolate: Sustituye las galletas por 200 g de galletas de chocolate trituradas.
- Base de almendras: Mezcla 150 g de galletas con 50 g de almendras molidas para un toque crujiente.
- Base sin gluten: Usa galletas sin gluten o una mezcla de avena y mantequilla.
Variaciones del relleno:
- Cheesecake de limón: Añade el zumo de 1 limón y más ralladura para un sabor cítrico intenso.
- Cheesecake de chocolate: Incorpora 100 g de chocolate negro derretido a la mezcla de queso.
- Cheesecake ligero: Usa queso crema bajo en grasa y sustituye la nata por yogur griego.
Variaciones de la mermelada:
- Mermelada de higos: Ideal para un toque otoñal.
- Mermelada de mango: Perfecta para un cheesecake tropical.
- Dulce de leche: Si prefieres un sabor más dulce y cremoso, sustituye la mermelada por dulce de leche.
Sugerencias para Servir
El cheesecake con mermelada es un postre que brilla por sí solo, pero puedes acompañarlo para hacerlo aún más especial:
- Con fruta fresca: Fresas, frambuesas o arándanos frescos aportan frescura y color.
- Con salsa de chocolate: Un hilo de salsa de chocolate caliente contrasta deliciosamente con la acidez de la mermelada.
- Con helado: Sirve una porción de cheesecake con una bola de helado de vainilla o frutos rojos.
- Con menta fresca: Unas hojas de menta decorando el plato le dan un toque elegante y refrescante.
- En porciones individuales: Para una presentación más sofisticada, sirve el cheesecake en moldes pequeños o vasitos de cristal, alternando capas de galleta, queso y mermelada.
Cómo Conservar el Cheesecake
El cheesecake con mermelada se conserva muy bien en la nevera, lo que lo hace ideal para preparar con antelación:
- En la nevera: Guárdalo en un recipiente hermético o cubre el molde con papel film. Durará hasta 5 días.
- Congelado: Puedes congelarlo sin la cobertura de mermelada. Envuelve bien el cheesecake en papel film y luego en papel de aluminio. Durará hasta 2 meses. Para servir, descongela en la nevera durante 12 horas y luego añade la mermelada.
- Evita el olor a nevera: Si el cheesecake absorbe olores, colócalo en un recipiente con una rebanada de pan. El pan absorberá los olores y mantendrá tu postre con su aroma original.
Este cheesecake con mermelada es una receta que siempre sorprende, ya sea en una cena especial, un cumpleaños o simplemente para consentirte un capricho dulce. Su combinación de texturas y sabores lo convierte en un postre infalible que todos amarán. ¡Anímate a prepararlo y disfruta de cada bocado!